martes, 30 de marzo de 2010

Curriculo y subjetividad

EDUCACION Y ARTES, Construcción de sentido desde la expresión y la subjetividad deseante
RE- Visión 1
Leonardo M. Rivera Bernal, Marzo 2010, Bogotá
Una vez leí: “el hombre es el ser de lo posible, del deseo mimético..”, y también: “el hombre es aquella criatura que ha perdido una parte de su instinto animal por el hecho de acceder a lo que se llama deseo”.
Me ha interesado hace algún tiempo la relación entre arte y deseo, entre artista y deseo, entre educación y deseo.
Desde mi práctica como docente, y más como docente de artes, llegue a establecer una dinámica de reflexión alrededor de cómo el cuerpo, que es la base de toda relación con la realidad, era sistemáticamente anulado en los procesos escolarizados regulares.
Esta situación ¿qué tipo de experiencia puede llevar al arte a ser un medio que permita el desarrollo integral del ser humano, de su comunidad, de una manera clara y dinámica?
Esta reflexión obliga a pensar en alternativas para configurar modelos de educación por medio del arte. Estos modelos pueden construirse desde la revisión del currículo como espacio de generación de experiencias de aprendizaje significativo.
Pero el concepto del currículo esta bastante anclado en la tradición escolar, tradición que no considera a las artes como espacios válidos de interlocución y promoción de niveles de pensamiento complejo, en igualdad de condiciones con otros campos de conocimiento como las ciencias o las matemáticas. Si bien esto es una percepción reductiva y limitadora, muchas veces revaluada y superada por infinidad de experiencias pedagógicas exitosas, sigue siendo considerada por muchas propuestas escolares como algo real.
Dentro del marco de la diversidad y riqueza cultural de nuestros pueblos latinoamericanos se hace preciso revisar alternativas que permitan la inclusión de las diferentes percepciones y miradas dentro de eso que denominamos currículo.
El arte como campo de conocimiento resulta un espacio adecuado para apoyar y desarrollar esa diversidad de miradas, pues su esencia parte de una dinámica permanente de quiebre, de ruptura; una posición reactiva resulta contraria a la dinámica natural del proceso artístico, toda vez que el arte se constituye como experiencia de conocimiento a partir de la revisión crítica que el individuo hace de su realidad, revisión que regularmente da como resultado perceptible una propuesta de desestabilización sobre lo establecido.
El arte se constituye así en una excelente experiencia para que el individuo y su comunidad puedan revisar sus realidades partiendo de la reflexión crítica, pero para llegar a este nivel de reflexión el proceso educativo institucionalizado podría establecer estrategias didácticas donde se desarrollará y fortaleciera la capacidad de construir sentido desde la consolidación de un cuerpo personal coherente. Cuerpo integral e integrado que debe permitir, a su vez, un trabajo sólido alrededor del desarrollo de pensamiento complejo desde la subjetividad deseante.